lunes, 24 de agosto de 2015

Si no fuese porque duele, juraría que no soy más que un cuerpo atado a la ley de la física, donde el corazón no es más que un músculo que simplemente late por impulsos eléctricos involuntarios, pero duele, no siento pero padezco o más bien padezco por sentir.

En sus ojos veía todos los sueños que me quedan por cumplir, ni uno menos, una salida de emergencia en sus labios cuando todo se derrumbaba, que a la vez sus labios eran incendio y la unica manera de escapar era morir en ellos, su pecho era un gran aeropuerto que, servía para los aterrizajes forzosos en caso de que falle el vuelto cuando esté a punto de tocar las nubes, siempre ha sido capaz de curarme cualquier herida que me habia hecho la vida, besandome las rodillas siempre que me caia de pleno en un charco, siempre me ha tendido la mano para que no me ahogara, siempre me cuidaba

Es justo el tener miedo lo que me hace fuerte, el no tener nada, ni por dentro ni por fuera, pero hasta el mas duro hierro se puede doblar a base de calor y golpes, y cuando se enfría despues ya no hay quien lo vuelva a doblar, ni a doblar ni a volverlo a poner en su forma inicial si no es volviendole a dar calor

Dicen que cuando creemos que no podemos más, es en realidad cuando más podemos, entonces explícame cuando voy a poder dejar de desangrarme sobre un teclado, cuando podré volver a caminar sin que me tiemblen las piernas por miedo a caerme por un precipicio, un precipicio en el que no estás tu, ni un nosotros, un precipicio sin fin.

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